Salud mental

¿Qué es la hematofobia? Síntomas y cómo superar el miedo a la sangre

Paula Campos

Escrito y revisado por Paula Campos, psicóloga con enfoque integrador.

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¿Alguna vez has sentido que el mundo te daba vueltas al hacerte un análisis de sangre o simplemente al ver una pequeña herida? Si la respuesta es sí, queremos que te sientas muy comprendida: no eres una persona exagerada, ni débil, ni estás llamando la atención. Lo que experimentas tiene un nombre clínico, hematofobia, y es mucho más común de lo que imaginas.

Este miedo irracional y profundo a la sangre, las agujas o las heridas puede llegar a condicionar tu vida, haciendo que evites citas médicas importantes o que pases un rato realmente amargo, por ejemplo, si te cortas mientras estás cocinando. En este artículo vamos a hablar exactamente sobre ello, qué es la hematofobia, qué síntomas tiene y lo mas importante, cómo puedes aprender a gestionarla y a superarla.

¿Qué es la hematofobia?

La hematofobia es un tipo de fobia específica relacionada con la sangre, las inyecciones y las heridas DSM-5-TR (2013). Se caracteriza por un miedo o ansiedad intensa y persistente cuando se observa sangre, heridas o situaciones relacionadas con ello. Y, como ocurre con cualquier fobia, el malestar no aparece solo en el momento de enfrentarse al estímulo, sino muchas veces se sufre organizando su vida para evitar todo aquello que pueda relacionarse con la sangre.

A diferencia de otras fobias comunes, donde el miedo activa una respuesta de lucha o huida en la que el corazón se acelera y nos mantenemos en estado de hiperalerta, la hematofobia tiene un funcionamiento único en nuestro sistema nervioso.

¿Por qué te desamayas al ver sangre?

El gran secreto de la hematofobia reside en la llamada respuesta vasovagal o patrón bifásico. Cuando una persona con hematofobia ve sangre o se enfrenta a una aguja, su cuerpo experimenta dos fases automáticas e involuntarias:

  • Fase de activación inicial. Al principio, se produce un pico rápido de ansiedad. El ritmo cardíaco aumenta y la presión arterial sube levemente, igual que ocurriría con cualquier otro susto.
  • Fase de caída o síncope. Acto seguido, el sistema nervioso parasimpático se activa de manera desproporcionada para contrarrestar el susto. Es aquí cuando el nervio vago envía una señal que disminuye bruscamente la frecuencia cardíaca y desploma la presión arterial.

Al bajar la presión de forma tan repentina, llega menos oxígeno al cerebro, lo que desencadena los síntomas típicos: sudor frío, palidez, visión borrosa, pitidos en los oídos, mareo y, en muchas ocasiones, el desmayo (síncope vasovagal). Thyer et al. (1985) demostraron que este síncope es una peculiaridad neurobiológica de la hematofobia y que comprenderlo ayuda enormemente a reducir la culpa.

¿Cómo influye la ansiedad en estas situaciones?

Aunque la hematofobia tiene ese componente físico tan marcado, no podemos aislarla de nuestro estado emocional general. Cuando vivimos con niveles altos de estrés en nuestro día a día, nuestro sistema nervioso está mucho más sensible y reactivo a cualquier estímulo que interprete como una amenaza.

Los datos recopilados en el estudio de Somos Estupendas a través de nuestro test de ansiedad revelan que el 41.9% de las personas están muy de acuerdo con que tienen muchas preocupaciones, y un 45.2% manifiesta estar de acuerdo con la misma. Esto significa que un abrumador 87.1% de quienes buscan ayuda online conviven con una carga mental constante.

Cuando tu mochila emocional ya está llena de preocupaciones y dificultades para sostener el miedo, enfrentarte a un análisis de sangre puede ser la gota que colme el vaso, haciendo que la respuesta vasovagal aparezca con mayor facilidad e intensidad.

hematofobia que es

¿Cuál es la causa de esta fobia?

Como cualquier fobia, no hay solo una causa. Suele haber múltiples factores como por ejemplo; factores biológicos, psicológicos y algo muy relevante, que son las experiencias personales. Todo lo que vivimos deja huella en nuestra vida.

Las principales causas suelen ser:

  • Trauma emocional: es posible que mientras te sacaban sangre o estando en el hospital hayas podido tener experiencias negativas. También, si has presenciado accidentes o heridas graves o momentos de mucho dolor. Es muy común que se asocie la sangre con dolor o con enfermedad e incluso a veces con la muerte.
  • Aprendizaje por observación: si algún miembro de tu familia tiene miedo a la sangre o se ha desmayado alguna vez también puede ser una causa.
  • Predisposición biológica: hay personas que tienen mayor sensibilidad fisiológica ante la sangre.
  • Condicionamiento clásico: si alguna vez has presenciado una experiencia desagradable en presencia de sangre, es muy probable que el cerebro asocie automáticamente sangre = peligro.

Cómo superar el miedo a la sangre

La hematofobia no es algo crónico que tengas que aguantar resignada, se puede trabajar y regular en psicoterapia. Mientras decides si dar el paso de realizar terapia psicológica, te dejamos algunas estrategias prácticas muy eficaces que puedes empezar a probar:

La técnica de tensión aplicada

Diseñada específicamente por el psicólogo Lars-Göran Öst, es la herramienta estrella para las fobias SID. Es una técnica muy útil si hay mareo o incluso desmayo. Consiste en tensar los músculos de los brazos y de las piernas durante 10-15 segundos y luego relajarlo durante 20-30 segundo y así repetirlo varias veces. Con esta técnica aprenderás a contraer diferentes grupos musculares para aumentar la presión arterial y así evitar desmayos.

Comunicación asertiva y autocuidado

No temas avisar al personal de enfermería o médico antes de que comiencen. Puedes decirles abiertamente: “Tengo hematofobia y suelo tener respuestas vasovagales, ¿podría tumbarme?”. El simple hecho de tumbarte con las piernas ligeramente elevadas favorece el retorno sanguíneo al cerebro y reduce drásticamente la posibilidad de síncope, además de aportarte una gran sensación de seguridad.

Exposición gradual

Como ocurre con cualquier fobia, este proceso es fundamental, ya que permite acostumbrar al cerebro a comprender que la sangre no representa ningún peligro real. Para ello, se puede comenzar leyendo la palabra “sangre”, observando dibujos simples, después imágenes reales y, posteriormente, escenas médicas de manera controlada y progresiva. La clave es poder ir avanzando poco a poco e ir repitiéndolo hasta que la ansiedad baje.

Respiración controlada

Cuando estamos en un momento de mucha ansiedad una de las técnicas más efectivas es focalizar nuestra atención en la respiración. Para ello, inhalamos durante 4 segundos, mantenemos el aire otros 4 segundos y exhalamos lentamente durante 6 segundos. Al repetir este proceso varias veces, la atención se concentra en la respiración y la ansiedad disminuye progresivamente.

Cambiar pensamientos automáticos

Hay que aprender a reemplazar pensamientos negativos y catastróficos por pensamientos mas realistas que reduzcan el miedo. No es lo mismo pensar: “me voy a desmayar” a decirte “puede que me sienta nerviosa, pero voy a ser capaz de controlarlo”.

Hábitos saludables

Par reducir la probabilidad de sufrir mareos o incluso desmayos, también es importante tener hábitos de vida saludable. Estar cansada, deshidratada o con altos niveles de estrés puede aumentar la vulnerabilidad. Por ello, es recomendable cuidar el descanso, la alimentación, mantenerse bien hidratada, así como realizar ejercicios de autocuidado, como pueden ser las técnicas de respiración, de relajación o actividades que favorezcan el bienestar emocional.

Terapia psicológica

Una de las intervenciones más eficaces para tratar las fobias es la terapia especializada en miedos y fobias, ya que ayuda a identificar y modificar los pensamientos así como las conductas.

Aprender a mirar de frente a la hematofobia implica dejar de juzgarte por lo que tu cuerpo hace de manera automática. Comprender que el mareo y el desmayo se deben a una respuesta vasovagal nos ayuda a desprendernos de la culpa y de la vergüenza. Si sientes que tus preocupaciones diarias amplifican estos miedos o que te cuesta gestionar el agobio en tu rutina, recuerda que no estás sola y que estamos aquí para acompañarte en este proceso con toda la compasión, la paciencia y los cuidados que te mereces.

Preguntas frecuentes sobre la hematofobia

¿La hematofobia se hereda de madres y padres a criaturas?

Existe cierta predisposición familiar o vulnerabilidad biológica a experimentar respuestas vasovagales intensas. Sin embargo, no se hereda la fobia como tal, sino una mayor reactividad del sistema nervioso que, combinada con experiencias de vida o el aprendizaje por observación en la infancia, puede favorecer el desarrollo de la hematofobia.

¿Es peligroso desmayarse por culpa de la respuesta vasovagal?

El síncope vasovagal en sí mismo no es peligroso ni causa daños al organismo, ya que el cuerpo recupera la consciencia rápidamente en cuanto se restablece el flujo sanguíneo cerebral al estar en posición horizontal. El único riesgo real son los golpes o caídas accidentales que puedan producirse a causa del propio desmayo, por lo que es vital tumbarse en cuanto aparezcan los primeros mareos.

¿Se puede superar esta fobia de forma definitiva?

Sí, por supuesto. A través de la terapia psicológica y técnicas específicas como la tensión aplicada y la exposición gradual, las personas logran regular la respuesta vasovagal y reducir el miedo asociado. No se busca que la sangre te encante, sino que seas capaz de acudir a tus citas médicas y gestionar cualquier imprevisto de forma tranquila y autónoma.

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
  • Pinel, Luis, & Redondo, Marta María. (2014). Abordaje de la hematofobia y sus distintas líneas de investigación. Clínica y Salud25(1), 75-84. https://dx.doi.org/10.5093/cl2014a8
  • Marks I. (1988). Blood-injury phobia: a review. The American journal of psychiatry145(10), 1207–1213. https://doi.org/10.1176/ajp.145.10.1207
  • Page, A. C. (1994). Blood-injury-injection phobia. Clinical Psychology Review, 14(5), 395-412.
    https://doi.org/10.1016/0272-7358(94)90036-1
  • Thyer, B.A., Himle, J. and Curtis, G.C. (1985), Blood-injury-illness phobia: A review. J. Clin. Psychol., 41: 451-459. https://doi.org/10.1002/1097-4679(198507)41:4<451::AID-JCLP2270410402>3.0.CO;2-O

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El contenido ha sido redactado con fines divulgativos, en ningún caso puede sustituir la valoración de un profesional. El artículo ha sido revisado por el equipo de redacción clínica.

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