Introducción
Hablar de dependencia emocional puede remover, porque toca algo íntimo: cómo nos sostenemos cuando queremos a alguien. Conviene decirlo pronto y claro: necesitar a las demás y buscar cercanía no es una carencia individual, es parte de cómo funcionamos las personas. Aprendemos a vincularnos en nuestras primeras relaciones, y esos aprendizajes nos acompañan. Este informe elaborado con los datos obtenidos de nuestro test de dependencia emocional no pretende poner etiquetas ni medir a nadie, sino ofrecer una lectura amable de lo que muchas comparten, para que quien se reconozca en estas líneas sienta un poco de compañía y algo de curiosidad por su propia forma de querer.
Metodología
- Origen de los datos. Respuestas recopiladas de forma voluntaria, gratuita y confidencial en la plataforma web de Somos Estupendas.
- Muestra analizada. Un volumen de 62.540 cuestionarios completados en su totalidad.
- Consolidación de la información. Datos estructurados y analizados desde el 7 de julio de 2025 hasta el 7 de julio de 2026.
- Enfoque de la herramienta. Recurso psicoeducativo diseñado por psicólogas para favorecer la autoobservación, la toma de conciencia y la reflexión sobre la salud relacional.
- Cálculo de frecuencias. Los porcentajes representan la tasa de personas que afirman sentirse identificadas con la situación descrita (“Me pasa”) frente al total de participantes que respondieron a cada reactivo
Limitaciones en la lectura de los datos
- Sesgo de autoselección. Al tratarse de un test de participación voluntaria, el perfil de las personas que acceden suele presentar una sensibilidad, duda o malestar previo en torno a la dependencia o a sus relaciones de pareja.
- Muestra no representativa. Los datos no proceden de un muestreo aleatorio estratificado, por lo que no se pueden generalizar directamente a la población general.
- Ausencia de variables sociodemográficas. El análisis no cuenta con segmentación de datos por edad, identidad de género, procedencia geográfica o historial de acompañamiento terapéutico.
- Sin validez de diagnóstico clínico. El cuestionario no sustituye en ningún caso a una entrevista clínica ni a una evaluación psicométrica estandarizada realizada por un profesional de la salud mental.
- Retrato de nuestra comunidad. El informe refleja las vivencias y sentimientos compartidos de las usuarias de nuestro entorno digital, sirviendo como una valiosa aproximación cualitativa y cuantitativa, mas no epidemiológica.
La renuncia a una misma y el peso de la complacencia
Una de las señales más claras de que nos estamos diluyendo en un vínculo es la dificultad para sostener nuestro propio espacio, nuestros gustos y nuestros límites frente al otro. Cuando la autoestima depende del agrado de los demás, decir “no” se convierte en una amenaza directa a nuestra seguridad afectiva.
El estudio revela que el 60% de las participantes siente un gran malestar, miedo a decepcionar, a molestar o a ser rechazadas al poner límites, colocándose en un lugar de sumisión en el vínculo. Para evitar que esta fricción suceda, 1 de cada 3 personas reconoce que se amolda y busca complacer sistemáticamente aquello que su entorno o su pareja prefiere.
Este esfuerzo constante por mantener una armonía ficticia lleva a que 1 de cada 4 personas (25,4%) intente esquivar el conflicto a toda costa. Prefiere no decir nada, ceder o ignorar las propias necesidades con tal de asegurar que las figuras de referencia no se enfaden o decidan marcharse. La complacencia se convierte así en un escudo protector que, a largo plazo, nos desconecta de nuestra propia identidad.
El refugio en la aprobación externa y el abismo de la soledad
Cuando no hemos aprendido a sostenernos emocionalmente por nosotras mismas, el silencio y la soledad se experimentan como un vacío insoportable. En ese escenario, la mirada del otro se transforma en el único termómetro de nuestra propia existencia y bienestar.
Los datos indican que el 53,9% de las encuestadas (prácticamente 1 de cada 2 personas) tiene una necesidad constante de aprobación y validación ajena para sentirse tranquilas y válidas. Esta búsqueda de confirmación externa se traduce en que el 44,9% (aproximadamente 1 de cada 2) requiera muestras de afecto y cariño de forma muy frecuente para calmar la duda constante de si son verdaderamente queridas.
Cuando la otra persona se ausenta física o emocionalmente, el suelo bajo los pies parece desaparecer. Aproximadamente, un cuarto de las participantes (24,7%) experimenta una intensa sensación de vacío o siente que su valía se tambalea cuando sus personas de referencia no están presentes. El malestar es tan profundo que 2 de cada 7 personas (28,9%) llega a sentir que no podría seguir viviendo sin su pareja, delegando por completo su capacidad de autorregulación emocional: el 24,1% reconoce que necesita la presencia de la otra persona para poder calmarse y sentir bienestar.
Cuando la relación se convierte en el único centro de gravedad
En las dinámicas de dependencia, la vida propia se desdibuja para orbitar de forma obsesiva en torno a la vida del otro. La pareja pasa a ser el único filtro a través del cual se planifica, se piensa y se siente.
De acuerdo con las respuestas, el 27% de las participantes confiesa que su existencia gira enteramente alrededor de sus relaciones, convirtiendo a sus parejas en el epicentro absoluto de sus pensamientos, preocupaciones y proyectos futuros. Esta fusión genera una hipersensibilidad al estatus de la relación, donde aproximadamente 1 de cada 3 encuestadas (36,2%) experimenta angustia y una dolorosa sensación de desplazamiento si siente que no es la prioridad absoluta de su pareja.
La posibilidad de que el vínculo se rompa se vive como una catástrofe inminente. 3 de cada 7 encuestadas (24,7%) reporta un intenso miedo al rechazo o a la idea del abandono, y 1 de cada 3 (18.134 personas) sufre niveles elevados de ansiedad ante la simple idea de perder a su persona de referencia. Para lidiar con este miedo, se activan mecanismos que desgastan la relación, tales como la idealización (aproximadamente una de cada seis personas, es decir, el 17,5%, reconoce que le cuesta ver a su pareja de forma realista y la coloca en un pedestal) o la inseguridad defensiva, que asoma en 1 de cada 4 (23,3%) que convive con celos frecuentes en su día a día.
Aprender a habitar el propio espacio y amar sin diluirse
Mirar de frente estos porcentajes es un gesto valiente y amable con una misma. La dependencia emocional es un laberinto en el que entramos buscando amor y seguridad, utilizando las herramientas que teníamos a mano en su momento. Reconocer que nos asusta la soledad, que nos cuesta marcar límites o que buscamos aprobación constante es el primer paso, valiente y necesario, para transformar la forma en la que nos relacionamos.
Tener un apego seguro no significa no necesitar a nadie o aspirar a una independencia fría y absoluta. Los seres humanos somos seres sociales e interdependientes. De lo que se trata es de construir una relación donde quepan dos personas enteras, capaces de amarse desde la libertad y no desde la urgencia de calmar un vacío. Aprender a habitar el propio espacio, a escucharnos y a tratarnos con autocompasión es un camino precioso que se puede trabajar en terapia. En Somos Estupendas estamos aquí para acompañarte a reconstruir tu autonomía, a trabajar tus heridas de apego y a recordar que mereces un amor que sume a tu vida, sin restarte a ti misma.

