La Crisis de los 40 según Marta Torné y cómo abrazar el paso del tiempo

Redacción

Escrito por la Redacción de Somos Estupendas

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Hay momentos en la vida adulta en los que empiezan a aparecer preguntas que nunca antes nos habíamos hecho sobre el paso del tiempo, las decisiones que hemos tomado y la vida que hemos ido dejando atrás por el camino.

En este episodio, conversamos con Marta Torné sobre todo esto: las crisis que aparecen con la edad, el miedo al paso del tiempo, las relaciones de largo recorrido, la maternidad y esa tranquilidad que, a veces, solo llega cuando dejamos de intentar cumplir con todas las expectativas.

¿Por qué cumplir 40 años a veces se siente como una bomba nuclear?

Llegar a ciertas edades puede desencadenar crisis existenciales que nos sacuden por completo; de hecho, Marta nos confesaba que cumplir 39 años le cayó “como una bomba nuclear” al sentir que dejaba atrás los 30 definitivamente y que lo mejor ya había pasado. Es muy común en nuestra sociedad sentir un miedo enorme a envejecer, obsesionarnos con la juventud y pensar que nos quedamos sin tiempo.

A veces, determinadas edades funcionan como un espejo que nos devuelve preguntas sobre el tiempo, sobre lo que hemos conseguido, lo que todavía no ha llegado o aquello que creíamos que iba a ser diferente.

Sin embargo, algo que atraviesa toda la conversación es cómo esa mirada también puede cambiar con los años. Marta explica que, cuando echa la vista atrás, se da cuenta de que cada etapa le parecía “demasiado mayor” mientras la estaba viviendo. Y, sin embargo, con el tiempo descubre que seguía siendo muy joven. Esa perspectiva le ha permitido vivir el paso de los años desde un lugar mucho más amable, con menos exigencia y más aceptación.

También habla de algo que llama “velocidad de crucero”: esa sensación de tranquilidad que aparece cuando dejamos de necesitar constantemente la validación externa y empezamos a encontrar bienestar en cosas mucho más sencillas. Levantarse, escuchar los pájaros, disfrutar de una conversación o simplemente sentirse en paz con la vida que una tiene.

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¿Cuánto influye la presión social en la crisis de los 40?

A la hora de mirar cómo nos sentimos, es fundamental no olvidarnos de preguntarnos qué parte de nuestras crisis tiene que ver con nosotras mismas y qué parte está relacionada directamente con la presión social.

La realidad es que el contexto en el que vivimos también influye en cómo nos relacionamos con nosotras mismas, con los demás y con nuestras propias expectativas. Durante la conversación, Yaiza y Marta reflexionan sobre una sociedad marcada por la inmediatez, donde cada vez cuesta más sostener la frustración, la paciencia o los procesos que necesitan tiempo.

Esa lógica del “usar y tirar” puede acabar trasladándose a muchos ámbitos de la vida: las relaciones, el trabajo, el consumo o incluso la forma en la que nos miramos a nosotras mismas. Al mismo tiempo, las redes sociales y la industria de la belleza pueden alimentar la sensación de que siempre deberíamos vernos jóvenes, perfectas o felices.

Aprender a transitar la pregunta de la maternidad sin presión externa

A medida que pasan los años, muchas mujeres empiezan a recibir mensajes sobre el reloj biológico, la fertilidad o las distintas opciones para ser madres. En ocasiones, estas conversaciones pueden generar presión o hacer aparecer preguntas que hasta entonces ni siquiera estaban presentes.

Hay mujeres que desean profundamente ser madres, otras que descubren que ese deseo nunca ha formado parte de su proyecto de vida y otras que no saben si ser madres. Todas esas vivencias merecen ser escuchadas desde el respeto, sin culpa y sin necesidad de justificarse.

Lo importante no es encontrar la elección “correcta”, sino aquella que sea más coherente con nuestros valores, nuestro momento vital y la vida que realmente queremos construir.

Liberarnos de la obsesión por la estética para empezar a disfrutar del cuerpo

Vivimos en una sociedad que nos recuerda constantemente que “debemos” mantenernos jóvenes. Es fácil sentir que envejecer es algo que hay que combatir, corregir o retrasar. Sin embargo, con el paso de los años, muchas personas descubren que esa lucha permanente empieza a perder sentido.

Quizá no se trata de dejar de cuidarnos, sino de preguntarnos desde dónde lo hacemos. Cuando el cuidado nace únicamente del miedo a cambiar o a no encajar en un determinado ideal, puede convertirse en una fuente constante de exigencia. En cambio, cuando cuidarnos tiene que ver con sentirnos bien, con nuestra salud o con nuestro bienestar, la relación con el cuerpo también puede transformarse.

El paso del tiempo también significa empezar a cuidar a quienes nos cuidaron

A medida que sumamos décadas, nuestro rol en el sistema familiar da un vuelco tremendo. Sobre los 50 o 60 años, justo cuando empezamos a vislumbrar la tranquilidad de la jubilación, nos encontramos de frente con el gran reto de la mediana edad: asumir los cuidados de nuestros padres.

Envejecer implica aprender a convivir con la dolorosa realidad de la muerte y tener que despedirnos de las personas que nos dieron la vida. Aceptar que la fragilidad y la despedida son ley de vida duele enormemente, pero poder estar presentes para priorizar y devolver ese cuidado incondicional a nuestros padres se convierte en un acto de amor que nos ancla al presente y nos da paz.

Es una etapa que puede remover mucho y ser tremendamente difícil. Ver envejecer a quienes en otro momento nos cuidaron nos confronta con la fragilidad, con el miedo a la pérdida y con la conciencia de que el tiempo sigue avanzando para todos.

También puede implicar sostener decisiones difíciles, reorganizar la vida cotidiana o convivir con emociones ambivalentes, donde el amor, el cansancio, la culpa o la tristeza a veces aparecen al mismo tiempo evidenciando síntomas de lo que se conoce como el Síndrome del cuidador.

Aunque no exista una forma de prepararnos para ello, poder reconocer y validar todo lo que despierta esta etapa e intentar respetar nuestros límites, puede ayudar a cuidarnos mientras cuidamos.

La terapia como un espacio para atravesar esta etapa

Si bien la terapia no elimina las incertidumbres propias de la vida ni evita que aparezcan los duelos o los cambios, sí puede convertirse en un espacio seguro donde abordar lo que estás viviendo a tu propio ritmo, con el acompañamiento de una profesional, respetando siempre tus tiempos y aquello para lo que hoy te sientes preparada.

Muchas personas retrasan el momento de empezar terapia porque sienten miedo a abrir una puerta que lleva mucho tiempo cerrada. Temen remover demasiado o encontrarse con emociones para las que creen no estar preparadas. Sin embargo, en terapia no se trata de abrirlo todo de golpe, sino de ir acercándonos, poco a poco y con acompañamiento, a aquello que necesita ser mirado.

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El contenido ha sido redactado con fines divulgativos, en ningún caso puede sustituir la valoración de un profesional. El artículo ha sido revisado por el equipo de redacción clínica.

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