Es muy probable que hayas oído hablar de la tartamudez. En el ámbito clínico se conoce como disfemia, y no se trata solo de dificultades al hablar. Cuando hablamos de disfemia, hablamos de dificultades en el habla que afloran como resultado de causas más profundas.
En este artículo queremos acompañarte a explorar de forma cercana qué hay detrás de esta condición, cómo se manifiesta en las diferentes etapas de la vida y de qué maneras podemos trabajar e integrar esta forma de hablar desde la compasión, liberándonos de la exigencia y la culpa.
Tabla de contenidos
¿Qué es la disfemia?
La disfemia, conocida popularmente como tartamudez, es una alteración en la fluidez del habla que se caracteriza por interrupciones involuntarias, repeticiones de sílabas o bloqueos al emitir palabras. No está relacionada con la falta de capacidad intelectual, sino con una particularidad en el ritmo de la expresión verbal que afecta a muchas personas.
Es importante conocer, que las consecuencias de padecer esta sintomatología, también se somatizan en el cuerpo. Algunas de las más comunes son:
- Tensión muscular.
- Sensación de bloqueo.
- Sudoración.
- Aumento del ritmo cardiaco.
- Sensación de falta de aire.
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¿Por qué aparece la tartamudez?
No hay una sola causa. En algunos casos la sintomatología aparece porque hay áreas cerebrales que se han podido ver afectadas por enfermedades físicas, y en otros, porque está afectada la forma en la que organizamos y generamos el habla.
Sin embargo, todas las investigaciones afirman que generalmente se presenta en la niñez y que, en numerosas ocasiones, con el paso del tiempo suele reducir su intensidad (Campos Palomo & Campos Palomo, 2013).
Factores neurobiológicos y la predisposición genética
Diversos estudios con neuroimagen han mostrado que las personas que tartamudean procesan el lenguaje de una manera ligeramente diferente, existiendo una menor coordinación en las áreas cerebrales encargadas de planificar y ejecutar los movimientos motores del habla (la laringe, los labios y la lengua).
A esto se le suma una clara predisposición genética. Es muy frecuente encontrar que, en el árbol familiar de la persona afectada, existen otros miembros que también conviven o convivieron con esta forma de expresión verbal. Esta herencia biológica simplemente marca una tendencia en el ritmo del desarrollo del lenguaje articulado, especialmente visible durante las etapas de la infancia.
Tipos de disfemia
Como todos los seres humanos somos únicos e irrepetibles, cada disfemia es diferente, y por esta razón es importante que no simplifiquemos. La disfemia suele categorizarse en dos, dependiendo de la causa subyacente.
Disfemia del desarrollo
Es la más habitual. Aparece en la infancia, normalmente entre los 2 y los 6 años, en un momento en el que el lenguaje está creciendo muy rápido. En esta etapa es normal que haya cierta falta de coordinación entre lo que se quiere decir y cómo se dice. En muchos casos se trata de una sintomatología propia de esta etapa del ciclo vital y por lo tanto es transitoria. Sin embargo, existen casos que necesitan abordaje, debido a que los factores que favorecen su mantenimiento impiden que pueda ser temporal (Chang et al., 2018).
Disfemia adquirida
Este tipo de disfemia es menos frecuente, aunque no por ello es menos importante. Lo que caracteriza a la disfemia adquirida, es que la persona no tartamudeaba y, en un momento concreto, los síntomas aparecen. A continuación, aparecen las causas:
- Neurobiológica: aquí la sintomatología aparece después de que una lesión o alteración del sistema nervioso central (debido a un ictus, traumatismo, tumor…), haya afectado al funcionamiento cerebral. Cuando estas circunstancias ocurren, la fluidez del habla se ve afectada, porque las áreas cerebrales encargadas de planificar y coordinar el lenguaje se han visto dañadas (Theys et al., 2024; Akhtar Qureshi et al., 2021).
- Funcional o psicógena: cuando la causa es funcional o psicógena, no existe una lesión neurológica subyacente, si no que, lo que hace aflorar la sintomatología está ligado al terreno emocional. En ocasiones, pueden ser síntomas con los que se había convivido durante la niñez, que vuelven a aflorar en la edad adulta, y en otros casos, aparecen por primera vez. Su aparición suele estar relacionada con episodios de estrés, ansiedad, reactivación de heridas de la infancia, exigencia o estar viviendo experiencias difíciles. Lo que suele ocurrir, es que la sintomatología empieza a convivir con el miedo a hablar en público, equivocarse o ser juzgada. Cuando la tensión aumenta, la fluidez del habla puede volverse más difícil, retroalimentando el malestar. Y aquí, es importante entender, que es una forma en la que el cuerpo nos avisa de que no debemos mirar a otro lado, si no abordar lo que nos está ocurriendo.

Consecuencias emocionales
La disfemia no es solo una afectación en el habla. Las consecuencias de padecerla aparecen en el cuerpo, pero también afectan a nuestro estado de ánimo, la percepción que tenemos de nosotras mismas, la forma en la que nos relacionamos y la seguridad con la que enfrentamos el día a día.
Si la aparición de los síntomas fue en la infancia, muy probablemente recordemos momentos de malestar, incomodidad o tensión. Y en ocasiones, aunque haya pasado el tiempo, esas sensaciones, no desaparecen del todo, sino que quedan en nuestro inconsciente y nos generan consecuencias en la actualidad.
Durante la adolescencia, esta sintomatología suele cursar con inseguridad, miedo a participar, o el deseo de pasar desapercibida. Cuando además existen burlas o ha habido experiencias negativas asociadas al hecho de hablar, el impacto emocional se multiplica y el miedo aumenta. Es entonces cuando algunos adolescentes evitan hablar o se aíslan para protegerse (Tran et al., 2011).
Durante la edad adulta, es muy habitual que curse con síntomas de ansiedad. Sobre todo, cuando te expones a que haya personas que te escuchen o evalúen tu forma de hablar. Es normal si aparece el miedo a bloquearte, a equivocarte, o a no poder expresarte como te gustaría. Estos miedos pueden aparecer en situaciones sociales, en el trabajo, en una exposición de clase, al pedir algo en una tienda o al hacer una llamada.
Emociones que acompañan a la disfemia
Con la ansiedad, llegan otras emociones que también pesan: vergüenza, frustración, tristeza… A veces, incluso la sensación de sentir que no se es suficiente, o no se puede estar a la altura. Estas experiencias, pueden ir afectando poco a poco a la autoestima y a la forma en la que te relacionas contigo misma (Engel et al., 2024).
Y aquí es importante pararnos un momento. Porque evitar puede aliviar en el corto plazo, pero a largo plazo mantiene el problema. Poco a poco, se van dejando de lado conversaciones, intervenciones en situaciones sociales porque se anticipa que “va a salir mal“. Y sin darte cuenta, el miedo crece y se hace más grande el círculo de la evitación. Esto puede acabar favoreciendo la aparición de ansiedad social y una vida cada vez más limitada por el miedo (Osuji, 2023).
La tartamudez también puede afectar otras áreas importantes: amistades, pareja, estudios o trabajo. A veces aparece esa sensación de que el miedo a hablar te está frenando más de lo que te gustaría (Connery et al., 2019).
Puede que estes leyendo este artículo, porque vives la disfemia en primera persona, o puede que, en tu caso, seas un familiar que acompaña a alguien que la padece. Se que tú también lo sientes. Es habitual que los padres, madres, parejas… experimenten preocupación, dudas o frustración al no saber muy bien cómo acompañar, sobre todo cuando ven que su hija está sufriendo (Carey et al., 2023).
Desde aquí, te decimos que independientemente de si lo lees en primera persona, o acompañas a alguien que lo padezca, no estás sola.
Diferencias entre disfemia y taquilalia: ¿por qué nos confundimos?
Mucha gente los confunde, y tiene sentido, porque suenan parecido y los dos tienen que ver con la forma en la que hablamos. Pero en realidad no son lo mismo.
La disfemia o tartamudez aparece cuando la fluidez del habla se interrumpe. La persona puede repetir sonidos o palabras, alargar algún sonido o quedarse bloqueada, con esa sensación de “quiero decirlo, pero no me sale”.
Sin embargo, la taquilalia es diferente. Aquí lo que ocurre es que la persona habla a una velocidad mayor de la que puede articular con claridad. El discurso sale acelerado, con pocas pausas, a veces omitiendo sílabas o incluso partes de las frases. El problema no es que haya bloqueos, sino que el lenguaje va demasiado deprisa y el mensaje puede volverse difícil de comprender.
Entonces, ¿por qué se confunden? Buena pregunta. Porque en los dos casos el habla puede sonar desorganizada o poco fluida. Además, en la tartamudez algunas personas intentan acelerar el habla para evitar el bloqueo o “salir cuanto antes” de la situación incómoda.
¿Cómo puede ayudarte el acompañamiento psicológico?
El apoyo psicológico puede ser un aspecto fundamental del proceso, ya que la tartamudez habita en tus emociones, en tus creencias, en tu autopercepción y en la forma en la que te relacionas con el mundo. Por ello, trabajar la tartamudez en terapia también es, poder comprenderte mejor.
Emociones como la vergüenza, la frustración o el miedo a hablar en determinadas situaciones sociales suelen ir asociadas a la tartamudez. Trabajar y entender nuestras emociones nos permite relacionarnos de otro modo con ellas, permitiéndote establecer un dialogo interno más amable y cercano.
Al mismo tiempo, entender tu historia, y por qué en ella ha nacido la disfemia, te permitirá conocerte y comprender mejor. Integrar las vivencias que te han impactado (las expectativas, ciertos comentarios, el temor a errar o a ser juzgada…) te permitirá relacionarte de otra manera con los síntomas visibles en el presente.
En ese sentido, recursos como un curso de autoestima o un taller de habilidades sociales pueden acompañar muy bien el proceso. El trabajo psicológico puede ayudarte a reducir la ansiedad y mejorar tu calidad de vida.
No tienes que hacerlo perfecto. No tienes que hacerlo sola. A veces, pedir ayuda ya es una forma de empezar a cuidarte.
Preguntas frecuentes sobre la disfemia
¿La disfemia puede aparecer de repente en la edad adulta debido a un trauma?
Sí. Aunque la gran mayoría de los casos tienen un origen neurobiológico y se manifiestan en la infancia, existe la llamada disfemia psicógena. Esta puede surgir de forma repentina en personas adultas tras vivir un evento altamente estresante o traumático, y su abordaje se centra principalmente en la integración emocional del trauma.
¿Cantar o hablar a solas ayuda a que no se produzcan los bloqueos?
Es una realidad curiosa: la mayoría de las personas con disfemia no tartamudean al cantar, actuar o hablar solas. Esto ocurre porque al cantar se utiliza una ruta cerebral distinta (vinculada al ritmo y al hemisferio derecho) y, al hablar solas, desaparece por completo la presión del juicio social, lo que demuestra la enorme influencia de la respuesta emocional en la fluidez.
¿La tartamudez es hereditaria?
Los estudios científicos demuestran que existe una predisposición genética. En torno al 30% o 40% de las personas que la presentan tienen algún familiar con la misma característica. Sin embargo, la genética no lo es todo, el entorno y la gestión emocional desempeñan un papel clave en cómo evoluciona.
Referencias
- Akhtar Qureshi, N., Mubarak Aldossari, A., & Abdullah Alhabeeb, A. (2021). Speech Fluency Disorders: A Review of Studies Conducted Over the Past Five Decades (1970-2020). International Neuropsychiatric Disease Journal, 1-28.
- Campos Palomo, A., & Campos Palomo, L. (2013). Enfermería infantil y disfemia: Evolución y marcadores de cronicidad. Una revisión sistemática. Revista Española de Comunicación en Salud, 113-122.
- Carey, B., Erickson, S., & Block , S. (2023). A preliminary investigation of the mental health of parents of young children who stutter. Journal of Communication Disorders.
- Chang, S.-E., Garnett , E., Etchell, A., & Ming Chow , H. (2018). Functional and Neuroanatomical Bases of Developmental Stuttering: Current Insights. Sage Journals.
- Connery, A., McCurtin, A., & Robinson, K. (2019). The lived experience of stuttering: a synthesis of qualitative studies with implications for rehabilitation. Disability and Rehabilitation, 2232-2242.
- Engelen, M., Franken, M.-C., Stipdonk, L., Horton , S., Jackson , V., Reilly, S., . . . Eising, E. (2024). The Association Between Stuttering Burden and Psychosocial Aspects of Life in Adults. Speech Lang Hear Res, 1385-1399.
- Osuji, G. (2023). Psycho-Social Effects of Stuttering in Children. South Asian Research Journal of Arts, Language and Literature, 183-189.
- Theys, C., Jaakkola, E., Melzer, T., De Nil, L., Guenther, F., Cohen, A., . . . Joutsa , J. (2024). Localization of stuttering based on causal brain lesions. BRAIN, 2203-2213.
- Tran, Y., Blumgart , E., & Craig , A. (2011). Subjective distress associated with chronic stuttering. Journal of Fluency Disorders, 17-26.

