Autocontrol emocional

Quizá lleves tiempo tratando de conseguir cierto autocontrol emocional. Probablemente, te sientas desbordada con frecuencia, y haces cuanto puedes para deshacerte de estas emociones que no te gustan e incomodan. Quizá busques distraerte, culpes a una persona cercana de cómo estás, o bien pierdas el control y lo pagues con la primera gota que colme el vaso. Pues bien, ¿por dónde empezar a trabajar este autocontrol emocional?

¿Qué son las emociones?

Antes de trabajar el autocontrol emocional -si es que esto se puede… (entenderás a qué nos referimos si sigues leyendo)-, es esencial que conozcamos y comprendamos un poco sobre el mundo de las emociones.

Sabemos que existen seis emociones básicas: alegría, ira, miedo, sorpresa, tristeza y asco. Y, es curioso: todas ellas existen tanto en una persona de Madrid como en otra de Indonesia, es decir, las emociones son universales. El hecho de que sean universales y de que existan desde el momento en que nacemos responde a una necesidad muy importante para las personas: garantizar la supervivencia.

Puede que te estés preguntando: pero, ¿esto quiere decir que tenga que agradecer sensaciones tan desagradables como la ira o la tristeza?

¿Es eficaz el autocontrol emocional?

Para responder a esta pregunta, podemos pensar en lo que se consigue cada vez que se lucha contra las emociones desagradables para eliminarlas. Tómate un momento y piensa si has conseguido algo tratando de eliminar o controlar tus emociones. Probablemente, no mucho, ¿verdad?

Paradójicamente, y haciendo justicia al dicho “aquello a lo que te resistes, persiste”, seguramente no hayas obtenido otro resultado sino el de que dichas emociones fueran más intensas. Para que sirva de ejemplo, si te digo “no pienses en un elefante rosa”, lo más probable es que esta imagen se instale en tu cabeza. Algo similar ocurre cuando hacemos uso del autocontrol emocional.

Teniendo esto en cuenta, quizá sea el momento de pasar a observarlas y escuchar qué mensaje tienen que transmitirnos, pues, además, esta es la base de la inteligencia emocional.

¿Qué funciones tienen las emociones?

Como leías hace unas líneas, las emociones son adaptativas, existen en pro de nuestra supervivencia, de manera que si, por ejemplo, un coche viene a gran velocidad, lograremos apartarnos a tiempo. De hecho, están destinadas a aparecer cuando se las necesita y a desvanecerse con brevedad una vez han cumplido su función.

Estas serían algunas de las funciones de las 4 emociones principales:

La función del enfado

El enfado nos visita cuando percibimos una injusticia o abuso, por lo que nos otorga la capacidad de poner límites y expresar el deseo de ser respetadas.

La función de la tristeza

Frecuentemente, sentimos tristeza ante una pérdida, ya sea personal, laboral o material, y esta emoción lleva el mensaje del autocuidado, de bajar el ritmo y de abrazarnos.

La función de la alegría

Cuando sentimos alegría sentimos que podemos comernos el mundo, por lo que su función es de crecer, de crear, de prosperar, de sentir que vamos por el buen camino, o de darnos cuenta de que lo que estamos viviendo es bonito.

La función del miedo

El tan desagradable miedo, realmente te hace un gran favor: te hace permanecer alerta para poder cuidarte o defenderte al estar ante una situación que tu cuerpo considera una amenaza o peligro.

Técnicas de autocontrol emocional

Cambia el autocontrol emocional por la regulación

Como ahora ya sabes, la principal técnica de autocontrol emocional es dejar de lado el autocontrol emocional. Curioso, ¿verdad?

Esto lo conseguimos al dejar de categorizar las emociones como “buenas” o “malas” y empezar a considerar que todas son importantes por ser adaptativas. Así, entendemos que todas son legítimas y que, por tanto, emplear nuestra energía en controlarlas es ir contra natura. Aunque algunas son agradables y otras desagradables, todas tienen su función: transmitir información.

Además, si cesamos esa búsqueda incansable del “control” emocional por una búsqueda más  enfocada en aprender a “regular”, eliminamos la losa de la necesidad de control, y empleamos nuestros esfuerzos en cambiar la forma en la que nos relacionamos con nuestras emociones, sentando las bases para una correcta gestión emocional. Esto tiene que ver con un concepto principal de cómo vivir la emoción: la aceptación.

la principal técnica de autocontrol emocional es dejar de lado el autocontrol emocional

No trates de eliminar, empieza a aceptar

Al hablar de aceptación no se está hablando de resignación, de conformismo o pasividad, sino de comprender que una emoción surge en nuestro interior no para hacernos sufrir, sino para ayudarnos, y, por tanto, habremos de darle la bienvenida sin juicios, concediéndonos el permiso para sentir.

Aceptar significa percibir la emoción como una señal que nos recuerda que estamos vivos y que somos seres “sintientes”. Con este acogimiento a la emoción se estará cultivando paz y coherencia en nuestro interior, ya que no estaremos alimentando a estas emociones a través de los pensamientos, y terminarán por desvanecerse.

Presta atención a cómo te sientes

Una vez modificado el prisma desde el que concebimos la emoción, es útil tener herramientas para identificarla cuando aparece. Pues bien, la buena noticia es que estas están destinadas a ser expresadas físicamente, es decir, que nuestro denominado Sistema Nervioso Autónomo, encargado de regular los parámetros de activación y desactivación fisiológicos para reaccionar de manera adecuada a los estímulos del medio, va a generar en nuestro cuerpo determinados cambios, como la taquicardia o el aumento de la temperatura corporal en el enfado, o la sudoración en el miedo. Tomando conciencia, por tanto, de la manera en la que corporalmente se están produciendo estas reacciones, tendremos una herramienta veraz para tomar conciencia de qué emoción le acompaña.

Este momento en el que se toma conciencia de la emoción es secundado por nuestro rol de acoger y darle un espacio dentro de nosotras.

Regula mediante la respiración

Una vez identificada, si sentimos que esa emoción es intensa, es posible regular su intensidad regulando otro de los parámetros del sistema nervioso: la respiración. Esto quiere decir que, ante situaciones generadoras de gran activación, tenemos la capacidad de regularnos cambiando la respiración a un ritmo más pausado y profundo, alargando las exhalaciones y, poco a poco, el resto de parámetros irán acoplándose a ese cambio.

Escucha el mensaje de tus emociones

Tras haber cultivado esa actitud de apertura y aceptación a aquello que sientes, tienes la oportunidad de preguntarte qué mensaje te está tratando de transmitir eso que sientes, es decir, el “para qué” de la emoción que ha venido.

Actúa en coherencia con tus emociones

Escuchando el mensaje de la emoción dejamos de reaccionar y aprendemos a responder, esto es, a actuar bajo una elección consciente y a tener la capacidad para decidir qué hacer con esa emoción. Así que toma la responsabilidad sobre esa emoción, dado que tienes la habilidad para elegir la respuesta, y dado que surge dentro de ti.

Por último, una vez la emoción ha sido escuchada, permitida y agotada, ya podrás soltarla.

autocontrol emocional

Se cierra así el círculo de vida de la emoción. Ha estado a nuestro lado desde que nacimos para ayudarnos y hemos remitido nuestra energía en su control y restricción, pero, ahora, tenemos la oportunidad de sembrar la aceptación y la reconciliación con nuestra parte más primitiva, tomar contacto con nuestras sensaciones y lograr una higiene mental, emocional, y un mayor bienestar.

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Psicóloga especializada en bienestar emocional con perspectiva integradora, aunando la rama cognitivo conductual junto con la que considera base de su perfil profesional: las Terapias de tercera generación.

2 comentarios en «Autocontrol emocional»

  1. Acabo de tomar apuntes sobre este post. Me ha encantado y he aprendido mucho. ¿Cómo puede ser que he aprendido más en este post que en el crédito (25hrs) que hice en la UOC sobre Inteligencia Emocional? Lo mismo que el que hice sobre Autoestima. Parece que aprenda más fuera de la educación (reglada en este caso), que dentro.

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