Cómo dejar de preocuparme en exceso

Muy a menudo, vivimos en el mundo de “ysilandia”: ¿y si pasa algo malo? ¿y si me sale mal? ¿y si cometo un error? ¿y si no sale como esperaba? ¿y si en el futuro va a peor? ¿Te suena todo esto? Probablemente, tu mente está en ysilandia muchas veces, en constante preocupación por cosas que aún no han ocurrido y que no sabemos si ocurrirán. Quizá, irónicamente, te estés preocupando por tu propia preocupación y pienses ¿cómo dejar de preocuparme en exceso?

¿Por qué nos preocupamos?

No es necesario que te explique lo que es preocuparse, supongo que lo sabes mejor que nadie, ¿verdad? Aun así, veamos porqué se produce. 

La preocupación es una capacidad humana desarrollada que sitúa a nuestra mente en el futuro. Podemos decir que esta capacidad es desarrollada porque viene de la mano del desarrollo de nuestras estructuras cerebrales más recientes, aquellas que nos diferencian como personas del resto de animales no humanos. Por ejemplo, no imaginas a una lagartija preocupada por si el año que viene cae la bolsa, ¿verdad? Solo las personas tenemos esta capacidad para reflexionar, anticipar y preocuparnos de lo que pasará en un futuro.

Si es una capacidad desarrollada, por tanto, podemos pensar que es positiva. Y, efectivamente, la preocupación tiene una función adaptativa en ocasiones: puede ayudarnos a anticipar dificultades y, así, a encontrar los recursos para afrontarlas.  Más allá de esta función, el hecho de preocuparnos nos sirve para sentir que tenemos cierto grado de control de lo que va a ocurrir, es decir, para sentir que el mundo es un lugar predecible, en el que ocurren cosas que podemos anticipar y controlar.

Como sabes, esto es todo lo contrario a lo que la vida es. No tenemos una bola de cristal que nos avance qué es lo que ocurrirá, sino que el mundo es un lugar bastante impredecible.

Esto no nos gusta nada a los humanos: la incertidumbre nos genera ansiedad, miedo, desprotección. Y es por eso por lo que necesitamos crear estrategias que nos ayuden a percibir que tenemos cierta seguridad en el entorno. Esta es una de las razones principales que nos llevan a preocuparnos: el deseo de pensar que puedo anticiparme a lo que va a pasar y, de alguna manera, controlarlo.

¿Qué pasa cuando nos preocupamos en exceso?

Como siempre, no debemos demonizar la manera en la que pensamos, ya que cierto grado de preocupación puede ser beneficioso en algunas ocasiones. Ahora bien, cuando nos preocupamos en exceso, esta capacidad deja de beneficiarnos para empezar a restarnos calidad de vida y bienestar. Además, esos escenarios que nuestra mente crea cuando vivimos en el mundo de ysilandia son mayormente negativos, lo que se conoce como sesgo de negatividad

Cuando nos preocupamos en exceso, nuestra mente y energía están en el futuro, y, así, perdemos la oportunidad de vivir la experiencia presente. Nuestros recursos son limitados, de modo que, si nuestra energía está focalizada en el mañana, no nos queda energía para el hoy, aflorando nuestros sentimientos de frustración, estrés, desconexión, falta de eficacia, disfrute y productividad. 

Cuando nos preocupamos en exceso, perdemos la oportunidad de ocuparnos en aquello que sí está a nuestro alcance y que forma parte de nuestras posibilidades reales actuales.

Cuando nos preocupamos en exceso, la ansiedad llama a nuestra puerta y se encarga de decirnos que nuestra mente está yendo más deprisa que la vida.  

¿Qué hacemos con todo esto?

¿Cómo dejar de preocuparme en exceso?

Claves para dejar de preocuparme en exceso

Te adelanto algo: no podemos dejar de preocuparnos. Al igual que no podemos dejar de pensar. ¡Nuestra mente está hecha para hacernos sobrevivir, no para hacernos felices! Ella se encarga de prevenir situaciones que considera malas o amenazantes. Por tanto, el primer paso que tenemos que dar es dejar de luchar contra nuestra mente.

Para dejar de preocuparte en exceso, puedes…

Practicar la atención plena o Mindfulness

La atención plena es la capacidad para poner el foco en el presente. Sin duda, esta es una herramienta fundamental que nos servirá como antídoto cuando nos preocupamos demasiado, pues, cuando la practicamos (por ejemplo, a través del Mindfulness), estamos entrenando nuestro músculo de “presencia”. De esta manera, cuando estés preocupándote en exceso, podrás traer a tu mente al aquí y al ahora, al momento en el que vives.

Postergar la preocupación

Cuando estamos en momentos de alta intensidad emocional, es fácil que nos invada la preocupación y que nos resulte difícil bajar el volumen de la mente. Por eso, una estrategia útil puede ser postergar la preocupación, dejarla para otro momento, ya que entonces nuestra intensidad emocional habrá bajado y nos será más sencillo relativizar y encontrar soluciones.

Practicar el “gracias mente”

¿Qué es esto? Cuando vengan a tu mente pensamientos de preocupación, puedes comunicarte con ella y decirte “gracias mente, pero ahora no necesito pensar en eso”, por ejemplo. Puedes usar la frase que quieras después del “gracias mente”. Es una buena técnica para tomar distancia de tus preocupaciones y para dejar de luchar contra ti misma.

Tomar distancia y cuestionar la preocupación

¿Hay algo que puedas hacer ahora? ¿está en tu mano aquello de lo que te preocupas? ¿te seguirá preocupando el mes que viene? ¿qué es lo peor que puede ocurrir? ¿qué probabilidad hay de que ocurra eso que temes? ¿qué otras cosas pueden ocurrir? ¿qué alternativas se te ocurren a lo malo que prevés? ¿en qué otras situaciones te has preocupado, pero al final las cosas salieron mejor de lo que esperabas, o pudiste afrontarlas y salir adelante? Estas son algunas de las preguntas que puedes hacerte para poner en perspectiva y relativizar tu preocupación. 

Ocuparte de aquello de lo que sí puedes ocuparte

De modo que tu foco se sitúe en el presente, tu sentido de autoeficacia aumente, y ello contribuya a que te sientas capaz de afrontar lo que venga.

Pedir ayuda

Como siempre, si sientes que no sabes cómo dejar de preocuparte en exceso sola, las preocupaciones te desbordan o interfieren con tu bienestar diario y te cuestan tu paz, ¡recuerda que está bien pedir ayuda!

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Psicóloga especializada en bienestar emocional con perspectiva integradora, aunando la rama cognitivo conductual junto con la que considera base de su perfil profesional: las Terapias de tercera generación.

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