Cómo mejorar la productividad

Si has llegado hasta aquí es porque te gustaría saber cómo mejorar la productividad y por esa misma razón es muy probable que mientras leas esto, llegue un momento de la lectura en que tu mente tome el mando y decida recordarte todo lo que tienes que hacer, quizá con alguna llamada de atención del tipo “y tú perdiendo el tiempo…”. Esta parte secretaria de tu mente te hace, muchas veces, un gran favor poniéndote en marcha, pero hay que tener en cuenta que esta visión “supermanizada” que tenemos de nuestras capacidades tiene una alta carga ficticia.

Adiós perfeccionismo, ¡hola productividad!

Para mejorar la productividad conviene distinguir entre el deseo de mejorar la habilidad para cumplir una serie de objetivos y entre la creencia de que la productividad depende de llegar siempre a todo lo que nos propongamos con un resultado exitoso. En este caso, cuando nuestra meta parte de una alta exigencia, será todo un desafío mejorar la productividad, ya que estaremos sobreestimando nuestros recursos. Esta sobrevaloración va de la mano del perfeccionismo, y la perfección es la enemiga de la acción. Además, cuando lo que nos proponemos es tan exigente, es fácil que no lleguemos a todo, y nuestra dedicación se verá opacada por una sensación de fracaso.

“La perfección es la enemiga de la acción”

Consejos para mejorar la productividad

Partamos, entonces, de que la multitarea está sobrevalorada y tiene más que ver con una sensación de sobrecarga personal y con un resultado pobre que con un buen rendimiento.

Para mejorar la productividad, por tanto, va a ser muy importante el establecimiento de prioridades y, con ello, la capacidad para saber decir “no”, ya que, si nosotras no elegimos, alguien se encargará de hacerlo. Así, tenemos que procurar que nuestras prioridades vayan en línea con nuestros valores, intentando clarificar cuáles de ellas son importantes y cuáles urgentes, esto es, en qué medida estamos priorizando tareas vinculadas a las áreas más significativas para nosotras o en tareas que requieren de una actuación rápida pero que, tomando perspectiva del momento actual, no prevalecen por encima de las importantes.

Generando prioridades nuestro mapa mental queda organizado, de manera que disponemos de la habilidad de fijar metas graduadas, crucial para enriquecer la productividad. Asegúrate de identificar tu meta y piensa que, como en Google Maps, si no sabes el destino, tampoco podrás dirigirte hacia él. Además, es importante que sean progresivas en vez de realizarse varias simultáneas, lo que ya hemos visto que acaba siendo contraproducente. De esta manera, no solo nuestros recursos pueden destinarse a la tarea íntegramente, sino que hacemos foco en el proceso, en el aquí y en el ahora.

“Si no sabes el destino, tampoco podrás dirigirte hacia él”

Aun así, necesitamos precisar aún más y establecer, para cada una de ellas, unos objetivos realistas y acotados en el tiempo, que se correspondan con las diferentes tareas a llevar a cabo. Diremos que un objetivo es realista cuando es alcanzable, es decir, cuando se enuncia desde el equilibrio entre mis capacidades y mis deseos, y no desde una exigencia excesiva. Por ejemplo, diremos que el enunciado “hacer deporte todos los días, dedicar 20 horas del día al estudio y acabar todos los proyectos de un mes en una tarde” no es realista, pero sí podría serlo el de “hacer deporte tres días a la semana”, si bien tendría que adaptarse individualmente.

Mejorar la productividad con el Método Smart

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Por otra parte, los objetivos que nos propongamos tienen que especificarse, detallando las acciones que vamos a realizar para lograr las metas; y, también, tienen que ser acotados en el tiempo, pues no será interpretado de la misma forma por nuestra mente el hecho de tener pautado cierto periodo para cumplirlos que una anarquía temporal de los objetivos, que no nos llevará otro puerto sino al de la procrastinación.

Una vez exista este mapa mental de lo que son nuestras prioridades y de cómo contribuir a cada una de ellas en base a unos objetivos alcanzables y específicos, aumentaremos la productividad si lo trasladamos a una lista física, en la que queden reflejados nuestros planes, de manera que contemos con la posibilidad no solo de recordar cada tarea, sino también de tomar conciencia de las tareas que van sido cumplidas. Además, la Neurociencia señala que la escritura a mano, más que la digital, establece un puente entre el contenido mental y la acción.

Para empezar la redacción, puedes ayudarte de preguntas como “¿Qué es lo importante del día de hoy? o ¿cuáles son mis prioridades hoy?”. Esta agenda personal nos otorga también la oportunidad de practicar un cambio en la forma en la que nos comunicamos, cambiando expresiones tan populares como “no puedo, no tengo tiempo” por “no está entre mis prioridades”.

En este proceso, permítete el descanso y equilibra tus días. Aunque tu mente te diga que si tu tiempo no está ocupado constantemente no está siendo aprovechado, nada más alejado de la realidad. Darte un respiro te recarga de la energía que necesitas para cumplir tus objetivos.

Para mejorar la productividad necesitas ¡pasar a la acción!

Y, con ello, es esencial saber reconocer nuestros logros y de reforzarnos, felicitándonos por haber alcanzado y materializado lo que en un primer momento era solo un propósito. Este aspecto de la productividad se sostiene en una de las más sólidas leyes del aprendizaje: una acción tenderá a ser repetida en un futuro en tanto sea reforzada cuando se realiza. Practicar el hábito de auto-reconocernos el esfuerzo es del todo motivante y, como tal, de predisponernos a la acción futura.

“Una acción tenderá a ser repetida en un futuro en tanto sea reforzada cuando se realiza”

De la misma manera que aplaudimos los éxitos, conviene entender que no siempre vamos a llegar a todo lo que nos propongamos y que no siempre alcanzaremos, en definitiva, una productividad deseada, pero esto también forma parte del proceso. En esas ocasiones, presta atención a los términos en los que te estás hablando, y procura no flagelarte con la culpa o con la sensación de fracaso.

Date permiso para bajar el ritmo, para escuchar tus verdaderas necesidades en ese instante y para recordar que no tienes que ser siempre la versión “supermanizada” y eficaz de ti.

Mejorar la productividad también va acompañado de la capacidad para ser flexibles y para reparar en que darse permiso para no avanzar es, a veces, un gran progreso.

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2 comentarios en “Cómo mejorar la productividad”

  1. Cristina Maravilla Cerveró

    He leído cómo mejorar la productividad, y me ha gusta mucho, voy a poner en práctica todo lo se dice, muchas gracias por el trabajo que realizáis.

    1. ¡Gracias Cristina! Nos alegra que te haya gustado 🙂 Ya nos contarás qué tal ha ido poniendo en práctica los consejos. Un abrazote grande

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