Qué es el estrés emocional y cómo combatirlo

Nuestro ritmo de vida, ciertos acontecimientos pasados o actuales de gran carga emocional o una situación negativa prolongada pueden tener consecuencias en nuestro bienestar, como por ejemplo; estrés emocional. Ante dichas circunstancias o estímulos estresores entramos en un estado de fatiga psicológica que si se prolonga puede aumentar nuestras probabilidades de sufrir afectaciones físicas y mentales, como patologías cardíacas o depresión.

Menuda carta de presentación, ¿verdad? ¡Pero no nos quedemos solo con la connotación negativa! El estrés es una respuesta necesaria y adaptativa ante ciertas situaciones, nos prepara para un desafío. Dicha reacción se ajusta al nivel de amenaza o peligro objetivo o percibido y es integral, es decir, se da a nivel fisiológico, emocional y conductual…

Niveles de estrés emocional:

‣ Estrés agudo

Este tipo de estrés es el más común y responde a aquellos momentos puntuales de cambio o alta adrenalina, con efectos a corto plazo… Una mudanza, un divorcio, un accidente de coche, saltar en paracaídas, etcétera. A esta situación se le puede poner fin y de la cual podemos descansar.

‣ Estrés agudo episódico

Situaciones de estrés agudo que se repiten con frecuencia. Sensación de caos y crisis constante, estilo de vida atropellado, frenético.

‣ Estrés crónico

Problemas no resueltos que se mantienen en el tiempo. Pobreza, familias disfuncionales, matrimonio infeliz, trabajo o carrera profesional que odias…

El estrés agudo es esa respuesta que podemos encontrar emocionante, motivadora, de la cual podemos sacar un aprendizaje profundo, darle un sentido y crecer como personas… pero cuando nos acercamos al estrés agudo episódico o crónico las cosas pueden complicarse, ya que no podemos descansar del factor estresante y es cuando nos desequilibramos.

Una experiencia negativa prolongada puede influenciar de forma muy potente nuestra personalidad, creencias, y modo de ver el mundo. Además, los estresores constantes en nuestra vida tienen el peligro de ser normalizados, e incluso seamos dependientes de ellos, dificultando mucho que nos cuidemos y pongamos solución.

Cómo identificar el estrés emocional

Entonces, ¿cómo identificamos lo que nos pasa? ¿cómo conseguimos ponerle nombre a nuestro sufrimiento? Cada persona es un mundo, y nuestro cuerpo nos puede pedir que paremos mediante diferentes técnicas.

Hace un tiempo publicamos un Podcast en el que hablábamos sobre cómo combatir el estrés, te recomiendo que vayas a escucharlo cuando acabes de leer, porque allí encontrarás más información. Veamos ahora qué tipo de señales nos envía nuestro cuerpo para avisarnos que estamos sufriendo estrés.

Alarmas físicas y emocionales del estrés

A nivel emocional es frecuente que no encontremos placer en actividades que hasta entonces eran emocionantes y nos aportaban felicidad, que nuestro estado anímico de base sea bajo, de fácil irritación, que no tengamos ganas de hacer nada.

Como os decía, con el estrés emocional, el organismo manda también señales de alarma somatizando, es decir, transformaremos el malestar psicológico en físico: nos podemos sentir más cansadas de lo normal, incluso a primeras horas de la mañana, sufrir dolores de cabeza, alteraciones gastrointestinales, las defensas bajas, mareos, presión o molestia en el pecho, dificultad respiratoria… No quiere decir que te vaya a suceder todo a la vez, como decía, cada cuerpo pide ayuda de una forma única.

Sabiendo todo esto, y si te has sentido identificada, estoy segura que te habrás preguntado qué puedes hacer para reducir el malestar que provoca el estrés. No hay una solución mágica que en dos días dé resultados y te cambie la vida, pero sí hay algunas recomendaciones muy potentes que pueden encaminarte hacia ello. Es un proceso de autoconocimiento y mimos que puedes ir realizando sin presiones. Te invito a tomar aquellos consejos que prefieras y a adaptarlos a ti, que seguro que ya tienes algunas herramientas para ir afrontando situaciones difíciles.

Qué es el estrés emocional y cómo combatirlo

Cómo combatir el estrés emocional

Primero de todo, P-A-R-A  L-A-S  R-O-T-A-T-I-V-A-S. Permítete observar tu vida, revisa tu día a día, escúchate sin presión. ¿No estás bien? De acuerdo, hay un motivo por el cual te sientes así, no te culpes por estar mal ahora, es normal, somos personas, sufrimos. Menospreciar nuestras emociones o decirnos que “no pasa nada” no nos ayuda a encontrar una solución, nos impide reconocer nuestro dolor y curarnos. Si te haces un rasguño en la pierna que no deja de sangrar no lo ignoras y esperas a que la herida cierre sola.

“No te culpes por estar mal ahora,
es normal, somos personas”.

Toma consciencia, reconoce las situaciones en las que te sientes mal, que te generan malestar. Esto te dará control sobre ellas, aprenderás más sobre ti y sobre tu situación. Pregúntate qué podrías necesitar en esos momentos, prepara un plan de rescate para ti misma. Quizá te sirva hacer una lista de tus reacciones cuando sientes presión: procrastinar, comer con ansia… Trata también de reflexionar sobre las circunstancias o factores que te hacen sentir más vulnerable y qué estrategias tienes para afrontarlos. Todo esto te ayudará a identificar con facilidad momentos de agobio y a sentirte capacitada para protegerte.

Otros trucos que pueden ayudarte a disminuir el estrés tienen que ver con tu rutina: añade alguna actividad física que puedas disfrutar y te libere como salir a pasear, bailar, yoga, respiraciones conscientes… Potencia tus relaciones sociales, una buena red de apoyo en la que puedas confiar te recordará que no estás sola y te invitará a que ventiles tus emociones. Cuida tus hábitos de alimentación y descanso.

Para acabar, puede que tus propios recursos y estos consejos te puedan ayudar a cambiar la perspectiva y mejorar tu situación, pero en caso de que sientas que no puedes, ¡no pasa nada! Está bien necesitar ayuda, todas las personas la necesitamos a veces. Por eso mismo no dudes en contactar con una de nuestras profesionales para hacer terapias online. El mero hecho de buscar ayuda psicológica ya es un paso fantástico que demuestra que quieres sentirte mejor y que estás acercándote a ello. Pero recuerda, es imprescindible que estos cuidados los hagas siempre adaptándote a tu propio ritmo, cuando te sientas preparada. Comprende que no todo va a cambiar en dos días, pero ya has empezado el camino. Abrázate y ponte pequeñas metas para avanzar sin presión.

¡Compartir es vivir!

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