Miedo a dormir: causas, síntomas y tratamiento a la somnifobia

Para muchas personas, dormir, además de ser una necesidad básica, es un sueño -valga el juego de palabras. Sin embargo, puede ser que, para otras, sea una auténtica pesadilla. Casos como este es el de que exista miedo a dormir. ¿Has oído hablar de ello? ¿Te ha ocurrido? Baja unas líneas, te hablamos de ello.

En este post hablamos de:

¿Qué es el miedo a dormir?

El miedo a dormir, también conocido como somnifobia, es una experiencia de pánico intenso al momento de dormir, experimentado a la hora de irse a dormir, o incluso antes, cuando se piensa o se acerca el momento de hacerlo. Cuando hablamos de somnifobia, hacemos referencia a que el miedo a dormir es una fobia específica, -como lo son otras a diferentes situaciones, objetos, o animales-; esto quiere decir que el miedo que se tiene es irracional y desproporcionado, pues se está generando en el cuerpo una respuesta de protección ante una amenaza que no es real, como es dormir.

De hecho, centrémonos en la primera parte del enunciado “miedo a dormir”, es decir, en la palabra “miedo”. El miedo es una emoción básica y universal, que, junto con las demás emociones básicas (alegría, tristeza, enfado, sorpresa), nos ha permitido sobrevivir y adaptarnos al ambiente; es decir, que, aun siendo una emoción desagradable, es necesaria: busca protegernos. Lo que ocurre es que, muchas veces, este miedo aflora ante amenazas que no son reales, y su función no se corresponde con la peligrosidad o necesidad del momento, como sucede cuando existe miedo a dormir.

Pero, entonces, ¿por qué ocurre esto? Vamos a verlo.

Causas del porque tenemos miedo a dormir

No nacemos con ello, sino que este miedo es fruto de un aprendizaje. Probablemente, en algún momento de nuestra vida, hayamos vivido algún acontecimiento o situación negativa relacionada con el dormir, como puede ser tener pesadillas, terrores nocturnos, parálisis del sueño, enuresis, episodios de riesgo de salud durante el sueño (parada cardíaca, respiratoria, etc.) o insomnio. Incluso, puede no haber sido necesario haber vivido alguna de estas situaciones para tener miedo a dormir, sino que puede bastar haber presenciado o tenido información sobre estas situaciones, es decir, haberlo aprendido por lo que se conoce como “aprendizaje vicario” o aprendizaje mediante otros. En este sentido, el miedo a dormir puede darse tanto siendo niño/a como adulto/a.

Estas situaciones han promovido que asociemos dormir con malestar, con algo negativo, con amenaza y peligro. Nuestros mecanismos del aprendizaje han creado una asociación entre una acción neutra, como es la de dormir, con el miedo a hacerlo, al haber aprendido por la experiencia que puede ocurrirnos algo malo si lo hacemos.

Además, esta fobia se mantiene en el tiempo debido a que, dado este terror, se llevan a cabo acciones dirigidas a evitar quedarse dormido que, a corto plazo, rebajan el miedo, pero, a su vez, refuerzan la idea de que no podemos hacer frente a esta amenaza.

¿Qué síntomas causan la somnifobia?

El miedo, como emoción adaptativa, está diseñada para responder ante esa supuesta amenaza. Así, cuando se tiene miedo a dormir, el cuerpo se activa en forma de nerviosismo, hiperventilación, sudoración, temblores, náuseas, taquicardia o mareos, pudiendo llegar a darse ataques de pánico. En definitiva, se experimenta una ansiedad o miedo intenso en el momento de irse a dormir o cuando este momento se acerca, incrementando cada vez más.

miedo a dormir

A esta respuesta fisiológica se añaden los pensamientos anticipatorios catastrofistas, que contribuyen a que esta activación aumente,y que están relacionados con la idea de que ocurra algo malo durmiendo, incluso pensando en la posibilidad de morir, o con la idea de que no se va a conciliar el sueño, entre otros posibles escenarios que la mente crea.

Este miedo a dormir se traduce en intentar no hacerlo, estirar las horas de la noche sin ir a la cama, y en una gran dificultad cuando se intenta dormir. La consecuencia lógica es la de un profundo cansancio diario, irritabilidad consiguiente, falta de concentración o atención, afectando al estado de ánimo, al sistema inmune, y al funcionamiento diario, en forma de aislamiento o absentismo laboral.

Probablemente, la persona sepa que su miedo y sus pensamientos son irracionales o desproporcionados, incluso puede sentir vergüenza por sentir este miedo, evitando contarlo, o contándolo sin recibir el apoyo y comprensión merecida. Pero, más allá de que se sea consciente del sentido o no de este miedo, el cuerpo vive como real este pánico, y es normal no saber qué hacer. Por ello, es adecuado pedir ayuda.

Tratamiento para no tener miedo a irse a dormir

Tener fobia a dormir interrumpe y colisiona una de nuestras necesidades básicas: el descanso. Es frustrante, desesperante y agotador no poder descansar, y no saber cómo hacer para conseguirlo. Pero el miedo a dormir tiene solución, puede trabajarse en terapia con resultados eficaces.

El tratamiento, -aunque siempre individualizado para cada caso-, suele comenzar explicando la raíz de la fobia a dormir y las razones de su mantenimiento, además de aspectos relacionados con el sueño, de manera que la persona comprenda qué ocurre. En ese sentido, se trabajarán las creencias irracionales que gravitan entorno al miedo y al sueño, reestructurando estos pensamientos.

Será esencial en el tratamiento romper la asociación existente entre dormir como algo negativo, y amenazante. Para ello, es esencial exponerse a esta situación, de manera gradual, y mediante herramientas de relajación. Esto se conoce como desensibilización sistemática, que consiste en, por una parte, aprender técnicas de relajación -respuesta incompatible con la ansiedad o miedo- y, tras ello, exponerse a situaciones relacionadas con dormir, de manera progresiva, hasta llegar al momento de hacerlo.

Con la ayuda de la terapia, el miedo a dormir se puede trabajar hasta el punto de llegar a descansar sin tal terror, acercándote hacia una mayor calidad de vida y bienestar.

¡Necesitamos dormir tanto como comer!

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Psicóloga especializada en bienestar emocional con perspectiva integradora, aunando la rama cognitivo conductual junto con la que considera base de su perfil profesional: las Terapias de tercera generación.

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